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El Hombre Inclasificable es, por definición, inclasificable. Esto es debido a que su verdadero ser es mutable: un devenir difuso con diferentes usos: un caos existencial carente de principios y finalidades. Un misterio absoluto, un no-saber-por-dónde-empezar-ni-por-dónde-acabar de definir lo indefinido: pura probabilidad de acción aleatoria.
El Hombre Inclasificable puede ser todo y nada: un animal o un dios, pura fuerza bruta o una inteligencia fuera de todo parámetro. Son seres que quizás rompen paradigmas que solo siglos después nos enteramos pero ni siquiera podemos estar seguros de ello ¿quién sabe?
Hablar del Hombre Inclasificable es pura pérdida de tiempo, es aquello que escapa al mundo de las palabras, es el silencio inetiquetable isomórfico. Sólo lo podemos entender por oposición al Hombre Clasificador como su sombra antagónica y ya.
El Hombre Inclasificable es el ornitorrinco de los taxonomistas.
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